Nota

Los perros de Miró

Joan Miró i Ferrà nació el 20 de abril de 1893 en Barcelona. Su padre, como suele ser en muchas de las historias que aquí contamos, quería que estudiara comercio para lograr ser alguien en la vida -¿dónde no habremos escuchado esto?–. Sin embargo, para fortuna del joven Miró, cuando le confesó, suficientemente decidido, que quería ser pintor, su padre no puso demasiada objeción; así logró ingresar a la Academia de Arte.

Joan Miró tuvo la influencia del cubismo, del fovismo, pero fue hasta la oleada surrealista, cuando halló el modo de hacer confluir su estética y sus intereses. No obstante, el núcleo central de los Surrealistas, que fue politizándose cada vez más, comenzó a fragmentarse. André Bretón ya había ingresado al Partido Comunista, cuando en una conversación tocaron el tema de León Trotsky. La plática clarificó las diferencias políticas que había entre los artistas y Miró fue uno de los que quedó opuesto a Bretón. El pintor catalán optó por seguir haciendo política pero con las armas del arte.

En una ocasión, cuando trabajaba en sus grabados, sus dos pastores alemán entraron a su taller, donde había dejado los materiales preparados para continuar con la labor, entre ellos había unas planchas de cobre manchadas de azúcar. Como era de esperarse, los perros lamieron y pisaron los materiales: lo que para Miró era un trabajo tardado, los perros lo convirtieron en aperitivo y salón de juegos. Curiosamente una de sus colecciones fue bautizada como “Los perros”.

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MasCultura 19-abril-2017