Nota

El legado de George Orwell

21 de enero de 2019
Redacción +C

El mundo cumple hoy 69 años sin Orwell, cuyo último y máximo logro literario fue, sin duda, su novela 1984. Para cuando el libro fue publicado, la salud de su autor se deterioraba rápidamente. En octubre de 1949 se casó con una asistente editorial llamada Sonia Brownell en su habitación de hospital en Londres. Sólo meses después, el 21 de enero, George Orwell murió de tuberculosis. Tenía 46 años.

El legado

Más allá del programa televisivo Big Brother, la influencia de Orwell (cuyo nombre real era Eric Arthur Blair) es más profunda que la de la mayoría de los grandes escritores: esa influencia, por ejemplo, tiene su propio adjetivo: orwelliano, que no se refiere a cosas asociadas con su personalidad, sino a las cosas que condenó en sus textos. Si uno busca notas recientes en internet, rápidamente ve que sociólogos, analistas políticos y muchos otros usan la palabra orwelliano para señalar hechos y actitudes tan diversas como la práctica de recopilar datos de teléfonos celulares, la aceptación del uso de cookies al navegar por la red, el cambio de nombre de una firma de capital privado e incluso los discursos de Barack Obama.


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La más reciente crítica al respecto es que orwelliano se ha convertido, por su origen literario, en un eufemismo, más que en una forma clara, dura de señalar todas esas prácticas odiosas que condenaba en su obra y que se ven en nuestros días. Orwell odiaba los eufemismos en los escritos políticos, por ineficaces y perezosos, así que el hecho de que su nombre se haya convertido en uno probablemente lo habría vuelto loco.

Orwell, el vidente

El trabajo de Orwell ha sido usado y abusado, y eso es algo que ningún escritor puede evitar. Lo mismo pasa con el hecho de que probablemente lo que habría molestado aún más a Orwell es esa veneración de sus fanáticos que lo ven como una especie de profeta o ídolo. Orwell no criticó ningún punto de vista tan duramente como el suyo propio.

Los santos siempre deben ser juzgados culpables hasta que se demuestre que son inocentes.

[“Reflexiones de Gandhi”]

Orwell no era un santo, pero como una voz de conciencia moral y coraje político, es de lo mejor que hemos tenido.



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