Nota

Elena Garro: La gran imaginadora del siglo XX

Elena Garro nació en Puebla, Puebla, hace cien años, en diciembre de 1916, y falleció en Cuernavaca, Morelos, en agosto de 1998. Es decir, su existencia cruza casi de principio a fin el siglo xx. En esta consonancia, su obra recorre las luchas y dificultades de buena parte de la centuria pasada en México, de la Revolución y la guerra Cristera hasta los movimientos obreros y las demandas rurales durante el Milagro mexicano. Ya sea en el campo o en la ciudad, la escritura imaginativa de Elena Garro se finca en el testimonio y el examen de las conflictivas relaciones de pareja, así como en el devenir adverso de grupos sociales vulnerables: campesinos, mujeres, indígenas, niños, ancianos, inmigrantes, todo esto con una imaginación y un poder verbal propios de un artista literaria superior.

Elena Garro se dio a conocer en 1957 con la lectura dramatizada de un puñado de breves piezas teatrales, Un hogar sólido, en el ciclo Poesía en Voz Alta, de la unam, recibidas con aplauso por el público y la crítica y publicadas al año siguiente en un tomo por la Universidad Veracruzana. Este es el primer perfil de Elena Garro: la creadora de poderosas realidades escénicas, nacidas de una percepción inquieta de los desajustes entre las rutinas de la realidad y los escapes de la fantasía. Garro demostró desde sus primeros textos una intuición indudable en el manejo del espacio y la confrontación dramática, así como un hálito verbal de consistente fuerza lírica. El Fondo de Cultura Económica ha reunido en un solo tomo la producción dramática completa de Elena Garro; se trata de un auténtico manjar de la imaginación, que ha recibido el beneplácito y el entusiasmo de muchos grupos y compañías teatrales, por piezas como La señora en su balcón, Felipe Ángeles, Los perros, El rastro, Parada San Ángel, entre otras. 

Luego de su debut en el terreno de la dramaturgia, Garro irrumpió con una fuerza no menor en el gran género de la modernidad: el de la novela. Esto ocurrió en 1963 con Los recuerdos del porvenir, una obra que reiteradamente ha sido tildada de “precursora del realismo mágico” pero que vale por sí misma en un grado mucho mayor a lo que valdría como antecedente de Cien años de soledad. Es decir, Los recuerdos del porvenir, un libro de impresionante madurez, dio forma en sus páginas a un mundo ficcional autónomo, que nada parecía deber al pasado, por los modos originalísimos en que, precisamente, trataba el difícil tema del pasado en México. Concretamente, Los recuerdos del porvenir es la gran novela sobre la guerra Cristera, un episodio incómodo, vilipendiado por la historia oficial durante décadas, y que para los años sesenta aún irradiaba polémica. A la par de la revisión de un momento beligerante de nuestra historia, Garro supo desarrollar, con perspicacia, los conflictos que se plantean por la imbricación del poder y el amor, por medio de las desiguales relaciones de pareja. Sus dos personajes femeninos, Julia e Isabel, exhiben en su devenir los escasos caminos que parecería tener la mujer en una sociedad machista: la rebeldía o la sumisión, la traición o la huida. Los recuerdos del porvenir señala, además, el vigor de una prosa narrativa paradigmática: poética, sensorial, memoriosa, dotada de un expresivo talante fantástico. 

El tercer debut de Elena Garro se dio en 1964, en el cuento, con la aparición del volumen La semana de colores. En primer término, en esta obra maestra destaca el tratamiento del mundo de la infancia, mediante dos pequeñas hermanas, quienes viven en un pueblo de nombre Tixtla, en medio de una familia heterodoxa. La percepción de las dos niñas es la que funda la prosa de varios de los cuentos de La semana de colores. Quiero decir: Garro no sólo retrata una serie de episodios en el crecimiento de un par de chiquillas poco atendidas por sus padres, sino que otorga a su prosa las formas libres, desobedientes y soñadoras como las niñas ven y viven su realidad, lo que se aprecia de forma inmejorable en cuentos como “La semana de colores”, “El día que fuimos perros” y “Antes de la guerra de Troya”.

Una segunda línea dramática en La semana de colores es la de las relaciones mujer-hombre. El ejemplo clásico aquí es el primer texto del tomo, “La culpa es de los tlaxcaltecas”, una de las creaciones más altas de la ficción literaria en Hispanoamérica. A través del destino de su protagonista, una mujer de clase media alta en la ciudad de México de los años cincuenta, este cuento despliega una crítica del machismo en la sociedad mexicana, a la vez que hace ver una concepción del tiempo de signo antirracionalista: el tiempo es cíclico, la historia se repite, y la vida de una mujer reprimida por su esposo en 1950 hace eco de la caída de México-Tenochtitlan. 

Elena Garro deja México en 1972, como secuela de su equívoca participación contra el movimiento estudiantil de 1968. Esto la lleva a Nueva York, Madrid y París, a lo largo de poco más de dos décadas. Sin embargo, a pesar de las dificultades económicas que sufrió en distintos momentos de su exilio, Elena Garro no dejó de escribir. Así, en 1980 regresa a las librerías con su segunda compilación de ficción breve: Andamos huyendo Lola. La mayoría de los textos aquí están protagonizados por una mujer y su hija, quienes se ven obligadas a huir de su país por razones políticas no enteramente explicadas. El tono de Andamos huyendo Lola es mucho más tétrico y oscuro, casi por entero pesimista, que el de La semana de colores. Las dos mujeres conocen estaciones de hambre, miseria y desamparo extremo. Pero, más que una autobiografía disfrazada, Garro ofrece en este tomo un retrato crítico de la condición en que los inmigrantes apenas si sobreviven a su llegada a las ricas e indiferentes sociedades primermundistas. Es decir: los efectos de la precariedad destruyen la estabilidad psicológica de los personajes, quienes se vinculan con la realidad ya no como adultos racionales, sino como seres que ansían regresar a las aparentes facilidades de la infancia. Caras opuestas de una misma poderosa mirada ficcional, La semana de colores y Andamos huyendo Lola demuestran la maestría técnica y estilística de una autora de primer orden. Por fortuna para los lectores, Alfaguara ha publicado los Cuentos completos de Elena Garro en un solo volumen. 

A partir de 1981, Elena Garro regresa al género de la novela e incursiona también, con generosa fortuna, en la novela corta. A lo largo de los ochenta y noventa, Garro entrega a las prensas un puñado de obras que han sido mucho menos atendidas por la crítica y que, luego de la muerte de la autora, empezaron a desaparecer de los anaqueles en las librerías. En esta segunda etapa de su obra, Garro se concentra con mayor constancia en los vínculos mujer-hombre, aunque esto lo hace con una variedad de soluciones creativas que dan fe de su aguda conciencia sobre la naturaleza técnica de la escritura. Una de las piezas mayores de este periodo es Reencuentro de personajes, una novela claustrofóbica, ejemplo superior del terror psicológico, en que una pareja de amantes recorre varias ciudades de Europa mientras se odian y se destruyen sin lograr separarse fácilmente. Ediciones Cal y Arena acaba de publicar una Antología general de la obra de Elena Garro en que ha sido recuperada, en su texto íntegro, esta sorprendente novela. Hay que señalar que esa Antología también pone de nuevo en circulación tres novelas cortas de los años noventa: Un traje rojo para un duelo, Un corazón en un bote de basura y Primer amor, tres diferentes estrategias con las que la autora aborda las secuelas emocionales y sentimentales de la ruptura de los afectos entre un hombre y una mujer. 

De este último periodo de Garro también son Testimonios sobre Mariana, La casa junto al río, Y Matarazo no llamó…, Busca mi esquela y Mi hermanita Magdalena —textos que están por volver a librerías gracias al Fondo de Cultura Económica, sello que lanzará al mercado estas semanas la compilación Novelas escogidas, 1981-1998—. Se trata de un puñado variopinto de obras narrativas, que, con una excepción, privilegian el punto de vista femenino para esbozar las formas que asumen la paranoia, la crueldad, el miedo y las ansias de libertad que propician los vínculos amorosos que han dejado de serlo.

Como se puede ver por este veloz itinerario, la obra literaria de Elena Garro va mucho más allá de sólo un título, Los recuerdos del porvenir, por el que sin duda merecía desde el primer instante el reconocimiento como una voz literaria singular e innovadora. El centenario de su nacimiento es una oportunidad inmejorable para acercarse a las otras — poco leídas hasta hoy— franjas de su potente escritura. 

Por Geney Beltrán Félix*
*Durango, 1976. Es autor de las novelas Cualquier cadáver (2014) y Cartas ajenas (2011), el volumen de relatos Habla de lo que sabes(2009) y los libros de ensayos literarios El sueño no es un refugio sino un arma (2009) y El biógrafo de su lector (2003)

 

MasCultura 21-nov-16
 



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