“Escribí este libro aullando de dolor”: María Fernanda Ampuero

“Escribí este libro aullando de dolor”: María Fernanda Ampuero
Fabián V. Escalante

El hogar ha sido la definición del espacio de máxima seguridad y posibilidades para el desarrollo y para la protección de la vida. Los vínculos familiares, sin embargo, son mucho más complejos que ello: así como el afecto y la solidaridad, también se dan relaciones de poder, silencios, el abuso.

En una época en la que se reconoce el núcleo familiar como crucial en la aparición de conductas violentas, María Fernanda Ampuero no cree que la humanidad sea más violenta que antes. “Creo que hay ciertas cosas que han mejorado un poco para combatir la violencia, pero me parece que estamos mirando hacia otro lado. Hay muchas cosas que están requiriendo nuestra atención. Sabemos las cosas que pasan casi al instante y aun así estamos más mal parados que nunca”.

Para Ampuero no hay razón para ser pesimista con las nuevas generaciones: “Esta juventud es extraordinaria. Lo que están haciendo las chicas ahora con lo del aborto es increíble. Lo que están logrando todos los jóvenes con el tema Queer, también: Mi sobrina, que es dos generaciones más joven que yo, tiene dieciséis, mi hermano le pregunta: ‘¿Esa chica es gay?’ ‘No sé, creo que sí, no sé si es bi’, no pasa nada, y se asumen como Queer también, y ‘me puede gustar una chica como un chico’. Era impensable en mi generación, o sea que yo soy muy fan de los jóvenes”.

 

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“Pero sí creo —retoma— que nos falta detonar esa idea de ‘La familia es algo sagrado, intocable, no se puede cuestionar’. De hecho, la gente que mata, que viola, que destruye niños, todos salieron de una casa, no salieron de una cosa espontanea, de una esquina. Yo quiero saber cómo son esas casas, cómo es el proceso de formación de un monstruo, yo quiero abrir todas las puertas y todas las ventanas y verlo”.  

La narración en Pelea de gallos (Páginas de Espuma) tiene una neutralidad geográfica que la puede poner en cualquier país de Latinoamérica, a pesar de su diversidad cultural e histórica. “Hice mucho énfasis durante el proceso de escritura para no poner ningún lugar, no mencionar ninguna ciudad, excepto dos hitos geográficos que son la Vía Perimetral, que en mi tierra es un símbolo de todos esos lugares sórdidos donde tiran los cadáveres de mujeres en bolsas de basura, y la iglesia del Cristo del Consuelo, que es un símbolo de toda esa religiosidad que nos une y que también es peligrosa porque están muy de la mano patria, padre y Dios Padre, o sea, el patriarcado está ahí. Para mí era muy importante usarlos como referencia no tanto geográfica sino de idiosincrasia, intentando que tuviera una aspiración universal”.

La violencia es universal

Pero no es un problema exclusivo de Ecuador o de la América Latina, como la prensa española sugería al decir que Pelea de gallos era un libro “sobre la violencia latinoamericana”. “Pero yo cada vez que salgo con alguien en Madrid —nos cuenta María Fernanda—, tengo que mandarle la foto de mi cita a mis amigas, avisar que llegué bien y dónde estoy. que no es que España tenga que mirar hacia otro lado. La manada, la violación masiva a esta chiquilla en unas fiestas populares, fue en España, en Madrid, en el año 2018. ¡En Estados Unidos surgió el movimiento Me too!, o sea, por favor, todo el tiempo las violaciones en los campi universitarios y en Europa… Ni hablar de África, Asia o los países árabes”.

Cuentos que forman juntos un gran relato

Una colección de cuentos siempre deja varios en el tintero, el criterio para elegir los que se quedan en el libro es una decisión muy importante. “Tengo que darle su lugar a Juan Casamayor, el editor de Páginas de Espuma, porque es un genio en hacer libros de cuentos. Él siempre hace esta diferencia, que no son libros con cuentos, sino de cuentos: no es soltar no sé qué y otros relatos y mete cualquier cosa. Debe tener una genialidad y hermanamiento con cada cuento, y de hecho hizo una cosa que para mí es brillante. Logró que los cuentos, aunque son por separado, se formaran en una especie de inicio, nudo y desenlace”.

Todas las violencias, la violencia

Para María Fernanda Ampuero el cometido del libro es poner al descubierto ciertos mecanismos de violencia que pasamos por alto a causa de la cotidianidad. “La violencia contra la mujer, es todas las violencias para mí —sentencia—. Permitir que desaparezcan y mueran mientras tú y yo estamos hablando y que esté pasando en este momento, así como la crianza diferenciada por los roles de género (Mira que estoy metiendo con toda la intensión feminicidios junto a crianza), todas esas diferencias, son actos de violencia cotidianos que todos tenemos asumidos”.

 

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“Es la violencia total —continúa Ampuero—, también por eso se llama, no tienes toda esta lucha encarnizada violenta, puerca; también la pelea de gallos es una cosa muy masculina. Hay un cuento al que le tengo mucho cariño: el personaje principal es un niño que pregunta si no puede ser otra cosa que hombre porque a él no le gusta eso. O sea, también ustedes tienen ahí en esa violencia machista; los propios hombres son violentados. Imagínate perder en una vida que es tan corta, en verdad, la posibilidad de ser débil emocional, de ser tierno, crecer con miedo; porque también es un miedo, porque tengo esto entre las piernas y tengo que demostrarlo a cada rato y cuidarlo a cada rato. No me extraña que pase lo que pasa, y es que todo está en el germen, está en la familia, está en cómo nos crían. Lo que creemos que es normal”.

María Fernanda ha mencionado que la rodean historias, y de ahí surge su vocación narradora: “Todas las mujeres que yo conozco tienen una historia de violencia: física, verbal, sexual, sueldos más bajos, peligro en la calle, intento de violación, violación propiamente. Ninguna ha tenido una vida exenta de peligro y de violencia. Qué quiere decir esto: que las niñas que están naciendo ahora mientras tú y yo hablamos, van a ser también todas víctimas de la violencia. La gran mayoría dice: ‘A lo mejor yo hice algo para provocarlo’. Al darme cuenta de que también en mi propia cabeza estaba todo este odio hacia mí misma tan clavado y tan metido como un chip, supe que esto era horroroso, aterrador. Y dije: ‘Tengo que hablar de esto, no me puedo quedar callada’.

Una de cada cuatro mujeres, ha sufrido abuso sexual. Ante ese dato, Ampuero exclama: “Insisto, ¡no sé cómo no se ha parado el mundo! Esto es un genocidio porque, ¿sabes?, cuando nos violan o nos acosan sexualmente, quedamos vivas, pero no tanto. Así que hay un montón de mujeres zombies a nuestro alrededor que están todo el tiempo batallando como supervivientes o veteranas de guerra, pero nadie les da un trato o trabajo psicológico, un reconocimiento. Gobierno y sociedad no lo evitan. ‘Lo siento’, dicen. Pero seguimos igual: ‘Ah, mírala con sus tetas, ¿qué buscará?’. Seguimos en manos de jueces que dicen que no te rehusaste y por lo tanto no fue violación’. He escrito este libro aullando y me da mucha tristeza que seamos sólo las mujeres las que aullamos y que ustedes, hombres, viven con nosotras y no están aullando también. Eso me da mucha pena”.

Pero el reclamo de María Fernanda Ampuero no se dirige sólo al mundo masculino: “Todos somos responsables de esto. Haciendo retwitts, permitiendo que haya portadas sensacionalistas de los periódicos, al pasar viéndolas, todos somos responsables de esta insensibilización. En mi pequeña parcela intento hacer algo y siempre siento que estoy haciendo de menos, que debería ir y hacer un reportaje a profundidad, pero bueno, hay mucha gente haciéndolo y, ¿ha cambiado algo? ¡No! Yo le decía a otro periodista que esto es como un vertido de petróleo en la selva virgen, ves y te quedas diciendo: ¡Esto es irreparable!, ¿Qué puedo hacer?, ¿cómo voy a recoger este petróleo si son miles de hectáreas mientras tú sales con una tacita a la vez? No sé… Por lo menos, yo no me voy a callar”.

 

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“No quería hacer el libro como una denuncia. Yo quería que fuese lo suficientemente bueno en lo literario para que los lectores no pudieran decir ‘se le ve el dogma, el panfleto, otra histérica’. Yo quería hacer literatura y que también los lectores fueran los responsables del, mensaje si es que lo hay. Yo quería hacer una literatura que despierte y no que duerma”.  +