Entrevista

Entrevista con Rosita Montero

Con evidente simpatía, Rosita Montero —sí, Rosita porque se ha sabido ganar el corazón de todos sus lectores durante los años que se ha dedicado a un periodismo sincero, directo y en cierta manera disidente—, además de ser una novelista con una narrativa sin rodeos y con un ingenio inigualable, cuando platicamos con ella en Guadalajara, con motivo de su libro La carne (Alfaguara, 2016), rompe el hielo haciendo un comentario sobre lo poco que ha dormido: “Me he dormido a las tres y me he despertado a las seis; me he levantado y me he tomado otra píldora para dormir, se me ha olvidado la melatonina…”. Y ríe. Demasiado lúcida incluso después de haber llegado de Madrid a Guadalajara tan sólo unas horas antes de nuestro encuentro.

Ha dormido poco, como Soledad, la protagonista de su novela La carne. Cada época y sociedad tienen diferentes monstruos y sus miedos muy particulares. La escritora española escucha y atiende con detenimiento las preguntas. ¿Crees que la soledad, pensando en tu protagonista, sigue siendo en nuestra época uno de los grandes males?: “Depende a qué soledad nos refiramos. En primer lugar está la soledad existencial, la soledad frente a la muerte, que es inevitable y ha sido así desde el principio de los tiempos.

Luego, está la soledad feliz; yo creo que es necesario que todos los seres humanos aprendan a estar solos, aprendan a estar consigo mismos, a no sentirse abrumados; al contrario, hay que disfrutarlo y emplear ese tiempo en la construcción de uno mismo. Luego está la soledad de la persona que se ha quedado fuera del sistema, que no tiene amigos, ni tiene trabajo, y la soledad del vagabundo, que ni es soledad.

Cerca de mi casa hay borrachos que se juntan y hablan; bueno, no están solos, y me alegro, pero hay gente muy sola: eso lo fomenta la vida de las grandes ciudades”, y prosigue con el personaje de su novela como centro de la reflexión: “No le pasa eso a Soledad. Es una mujer muy particular, es una misántropa, tiene miedo a sus propias emociones y no tiene relaciones. Yo conozco a bastante gente así, que cree que sus emociones las debilitan y crean de su vida un disparate.

Mi personaje aprende bastante a lo largo de la novela y termina en mejores circunstancias”. Rosita Montero es dura con su protagonista, pero la trata también con compasión y con mucho amor ante la cárcel en la que ella cree que está metida.

En la historia los jinetes del deseo circundan a todos y salen a cazar: “Me parece maravilloso el deseo, la piel, la carne, el sexo y el erotismo es una de las grandes alegrías y magias de la vida. Yo soy una persona muy sexual, muy física, y creo que es una de las grandes glorias de la vida. Soledad tiene tanto miedo a sus sentimientos, que luego sabremos por qué le tiene miedo a eso, por qué se asusta mucho cuando siente un deseo tiránico que ella no puede controlar. Le gustan los guapos. Además, ese deseo sexual la coloca en un lugar en esta relación.

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MasCultura 04-abril-17 

 

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