Nota

No hay mejor verdad que la mentira... o eso dicen

La llamada sabiduría popular dicta con su voz ruidosa, como mil tías testarudas en una, que toda figura siniestra, de capa negra y nariz puntiaguda, sólo puede ser terrible. Que cuando un ser de esas características sube con respiración

cavernosa las escaleras de la casa, para ir en busca de un ser querido enfermo y enviarlo a otro mundo, debes mostrarte valiente e impedírselo a toda costa.

Me pregunto qué opinarán esas mil voces anónimas de una Muerte que al llegar a su cita deja la hoz a un costado de la puerta para no espantar a los más pequeños, se sienta a la mesa y responde paciente las preguntas que los niños de la casa le hacen. No se quita nunca la capa negra, ni renuncia a la misión que la ha llevado hasta ahí, sin embargo bebe a sorbos su café cuando parece que alguno de los chicos llora, como si albergara en su interior un corazón que palpita. ¿Le llamarían Muerte impostora? ¿Dirían que los niños no amaban lo suficiente a su abuela, pues ninguno de ellos le impidió a la figura de capa negra subir las escaleras? Si tan sólo la llamada sabiduría popular escuchara las respuestas que la Muerte le obsequió a los niños esa noche... En los estantes más selectos de las librerías del mundo, abundan los libros necesarios y los libros generosos. Cada tanto, nuestra mano topa con un libro afortunado que reúne ambas características. Llora, corazón, pero no te rompas (Loqueleo) es uno de esos.

El misterio de los pasteles (Castillo) es una hilarante aventura ilustrada que pone a prueba nuestro talento para leer sin palabras y, en el camino, deja ver qué tan grueso es el velo con el que los prejuicios nos enmarañan la mirada. Ideas aprendidas cuya vigencia conviene cuestionar y, en caso de haber expirado, sacar del armario mental y reciclar. En el relato hay cerca de veinte personajes singulares que no son exactamente lo que parecen y dos pasteles suculentos esperando ser rebanados y repartidos. Un festín de tal envergadura, más vale saborearlo en la colina con mejor vista de todo el valle. No importa si para ello se requiera atravesar un río y subir, subir, subir hasta llegar a la cima... ¡Sólo para descubrir que el par de pasteles suculentos han desaparecido de sus platos con tapa! ¿Quién podría haberlos hurtado en el camino? Les daré una pista: fue el impostor. Apuesto cinco donas de chocolate a que nadie que lea el libro por primera vez adivina de inmediato quién fue. El autor, cuyo nombre también se antoja impronunciable la primera vez, se esmeró de lo lindo al confeccionar esta colorida aventura para que no se imprimiera una sola palabra en sus páginas, y así dejar que germinaran cientos de ellas en la cabeza del lector.

Y ahora, es momento de la trivia: ¿Qué podría salir mal si reunieras, en la sala de espera de un aeropuerto nevado, a un tigre que es una celebridad en el mundo de los comerciales televisivos, una gansa que carga una bolsa llena de objetos para toda ocasión y cada tanto los enumera en voz alta, un oso panda que por ser una especie en peligro de extinción demanda todo tipo de privilegios, un mono hipocondriaco que ha pasado su vida en un laboratorio de pruebas y se ha hecho aficionado a los medicamentos, un par de ovejas clonadas que hablan a la vez y dicen lo mismo, un perro guardián que ha extraviado el más aplaudido de sus talentos pero insiste en efectuar su trabajo y un zorro que, simplemente, es un zorro? El título del libro pregona que Los zorros no mienten (Castillo). ¿Le creeremos?

Como cereza del pastel, mencionemos al más audaz, versátil, cosmopolita y encantador impostor de todos los tiempos: ¡el libro! Porque un libro nunca es sólo un libro, y tampoco por ello deja nunca de ser un libro. Un libro puede hacerse pasar por una variedad increíble de apariencias y, según lo exija la ocasión, hacerlo con estilo y prudencia o con desparpajo y obstinación. Un libro se puede transformar en sombrero, en casa de mascotas, en túnel o en ladrillo, puede ser un matamoscas infalible o una trampa efectiva contra depredadores inoportunos, hacer las veces de una canción de cuna o servir de escondite... Puede ser cuanto se te ocurra y nunca dejar de ser un libro, aun si en la portada lees: No sólo un libro (Oceano Travesía).

Este texto fue escrito por Karen Chacek y publicado originalmente en el número 112 de Revista Lee+. Pueden leerlo en su versión digital dando clic aquí o en su versión física, disponible en todas las Librerías Gandhi del país.



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