Nota

LOS OCHENTA: DE DONDE VIENE EL FUTURO

1984 tal vez no fue como 1984. Podríamos decir que a más de treinta años, ¿por fin hemos alcanzado el futuro? En la emisión del Súper Bowl xviii se presentó el lanzamiento del primer Macintosh, de la empresa Apple, con un comercial dirigido por el cineasta Ridley Scott, y de manera paradójica ante el anuncio con referencia orwelliana, la empresa nos sumergió en un mundo dominado por las pantallas: una sujeción que ellos mismos encarnaron. Su lema llevaba razón, como una suerte de vaticinio que más bien marcaría las décadas siguientes.

Fue también en esa década cuando los videojuegos se posicionaron como opción de entretenimiento. La empresa estadounidense Atari por aquella época controlaba el mercado —compitiendo con Nintendo y su famosísimo nes—, hasta su estruendoso declive en 1983, cuya culpa fue adjudicada al juego E. T. The extra-terrestrial —aprobado por el mismísimo Steven Spielberg—, que fue de manera literal enterrado en la historia, en algún vertedero de Alamogordo, Nuevo México, según lo cuenta el documental Atari: Game Over. Dos casos que al mirarlos de frente desde estos años tan llenos de contradicciones nos reflejan en sus pantallas, y al encenderlas vemos en sus imágenes pixeladas el mundo que ahora vivimos.

II

Los años ochenta tienen un amplio obituario en su haber: en 1984 el Gran Cronopio llega al final del juego y dos años después su coterráneo Jorge Luis Borges pierde el hilo dentro del laberinto. A principios de la década emergía ante el desconocimiento y asombro de médicos e investigadores uno de los virus más letales de los años recientes: el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, presente en México desde 1983, mismo que, según Cristina Peri Rossi, y una vez desarrollado el síndrome, fue causante de la muerte de Cortázar, así como de la de Robert Mapplethorpe y Michel Foucault, ambos durante la década en la que, para continuar con el alud de tragedias, Lyotard sentenció el fin de los grandes relatos. Dentro de aquella espiral, México no estuvo exento: resintió el oleaje que provenía de otras latitudes y los movimientos telúricos que en 1985 expusieron la fragilidad de un gobierno incapaz de reaccionar y de estar a la altura de las circunstancias: miles de muertos y una ciudad devastada.

III

Cuando Miguel de la Madrid tomó posesión en 1982 el murmullo del neoliberalismo comenzó a tomar fuerza. Los dirigentes, los directores universitarios y rectores no esperaban nada de las generaciones cuya juventud se veía sumida en la década perdida; no esperaban nada de aquellos jóvenes embebidos en la televisión y en los centros de entretenimiento, y sin embargo, y aunque no lo preveían, sí fueron capaces de cambiarlo todo, porque fueron los mismos que salieron del aula para adentrarse entre los escombros que había dejado el terremoto y fueron los mismos que al ver amenazadas sus posibilidades de continuar estudiando en la universidad, y de quienes venían después de ellos en bachillerato, secundaria y primaria, llenaron los auditorios de la Universidad Nacional Autónoma de México para hacerles frente a Jorge Carpizo y las reformas universitarias que obedecían a organismos internacionales con nombres de dudosa procedencia.

El ímpetu juvenil adoptó el nombre de Consejo Estudiantil Universitario en octubre de 1986 y estalló la huelga pocos meses después, cumpliendo en este 2017 treinta años de confrontar un proyecto que excluía a una parte importante de la comunidad universitaria. En su libro Entrada libre: crónicas de la sociedad que se organiza, Carlos Monsiváis recupera las opiniones de un joven que durante esas fechas estudiaba en el Colegio de Ciencias y Humanidades: “Somos una generación que se organiza, decide y actúa, como lo demostramos en la desgracia de San Juanico y en el terremoto de 1985”, sentencia el estudiante de Azcapotzalco y más adelante, Imanol Ordorika, uno de los líderes estudiantiles, arenga: “Si la huelga es para bien de la universidad, ¡bienvenida la huelga!”. “El nuestro es el único movimiento estudiantil que se tarda 4 meses y medio antes de estallar la huelga, una acción relacionada con nuestra esperanza de cambiar este país”, finaliza un testimonio recuperado por Monsiváis en el mismo libro, antes de colgar las banderas rojinegras.

IV

Ridley Scott está por estrenar la secuela de la película Blade Runner, basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, y que en 1982, después de Alien, reportó uno de sus mejores trabajos. Dentro de algunos meses iniciarán las campañas presidenciales y como hace treinta años la estabilidad del sistema electoral está en entredicho. Nintendo, así como en aquella década, acaba de lanzar una consola nueva: Nintendo Switch. Volvemos la mirada hacia los ochenta y vemos nuestras mismas crisis que aparentan ser insuperables, las mismas preguntas y problemas similares. Los ochenta nos devuelven nuestro reflejo para decirnos que son de donde viene el futuro, y éste, ahora, es implacable.

Por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza

MasCultura 03-julio-17

 

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